
Pocas empresas multinacionales han tenido una rivalidad tan sangrienta y pública como la de
las gigantes norteamericanas Coca-Cola y Pepsi. Aunque sea la primera quien haya acabado tomando la delantera en todo el planeta -incluso en EE.UU., pese a lo que clame la leyenda- ninguna de las empresas de refrescos de cola ha escondido nunca su competencia, ardua en los negocios, en los ideas y, por supuesto, también en el márketing y anuncios. Una de sus principales bazas en este campo ha sido, precisamente,
la publicidad comparativa, una técnica éticamente cuestionable e incluso mundialmente legislada.
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